De la profesión del jurista y del estudio del Derecho

Prof. Dr. Dr. h. c. mult. Claus ROXIN

Artículo traducido por Andy Carrión.*

Lo que quiero presentarles a modo de introducción en esta exposición no es un texto científico, sino que se trata más bien de un compendio extraído de la experiencia personal que he reunido durante cuarenta años de actividad como profesor universitario. Estas experiencias encajan dentro del campo del Derecho penal, que es al que me dedico, y las opiniones y propuestas que de aquí se derivan tendrán, como es lógico, el toque subjetivo de mi propio carácter. A pesar de esto, no quisiera en modo alguno decir cosa alguna relacionada con el Derecho penal en su especificidad, ni tampoco tratar aquí de las distintas disciplinas jurídicas, esto con el propósito de evitar dar una visión general y aburrida a mi texto. Me gustaría mucho más ceñirme a la profesión del jurista y al estudio del Derecho como tal.

I. ¿Cómo se hace uno jurista?

La respuesta es desencantadora; la mayoría de la improvisación, debido a que durante el período escolar no experimentamos nada, o al menos nada que sea de interés, relacionado con el Derecho, el escolar no tendrá apenas la oportunidad de desarrollar algún interés relacionado con esta materia. Esto puede ser distinto si alguno de los padres se dedica a este campo y ejerce su influencia en el joven. No obstante, estos casos se dan con poca frecuencia, ya que son pocos los alumnos que tienen tiempo y ganas de dedicar el tiempo libre que les brinda la escuela a interesarse por la profesión del padre o de la madre. A esto habrá que añadir que muchas personas encuentran su identidad, en lo que al campo profesional se refiere, precisamente optando por otra profesión distinta a la de sus padres. Mi propio hijo, por ejemplo, hubiera preferido estudiar cualquier otra profesión a la jurídica; es así que él se ha vuelto entonces empresario, consultor y finalmente manager.

El resultado de todo esto es que la mayoría de las personas deciden dedicarse al Derecho porque no sienten una fuerte orientación hacia cualquier otra disciplina y porque – con mucha razón – se nos vaticina un próspero futuro laboral. “Hijo, te recomiendo que estudies Derecho porque te ofrecerá las mejores posibilidades”; estas fueron las palabras pronunciadas por mi padre en 1950. En lo esencial esta afirmación resulta correcta; al mismo tiempo, una elección de estudio motivada por este hecho es, también, totalmente legítima. Este matrimonio por conveniencia puede convertirse con la práctica en un verdadero matrimonio basado en el amor hacia la profesión. Yo mismo soy un vivo ejemplo de ello, y espero que muchos de ustedes también lo sean.

No obstante, también habremos de hacer frente a un grave inconveniente cuando la elección del estudio del Derecho es puramente racional. Esto conlleva a que muchos jóvenes se decanten por esta opción aún sin tener la capacidad y el talento suficientemente deseadas para ello. Aquel que decide estudiar matemáticas, historia, literatura, música o deporte, habrá empezado a apreciar estas disciplinas ya en la escuela, al mismo tiempo que habrá desarrollado unas aptitudes esperanzadoras en ellas. También notamos en dicho periodo la capacitación que tenemos para ejercer un cierto oficio con profesionalidad. El estudiante de Derecho que se matricula en el primer semestre no reúne estas facultades que favorecen el estudio del Derecho. Es por ello que muchos principiantes fracasan debido a las exigencias del estudio. Esto tendrá por resultado una cuota relativamente alta de fracaso en el examen y, al mismo tiempo hará que aquellos que hayan aprobado por poco vean su futuro laboral reducido a desempeñar sin motivación cargos de importancia menor. Por ello, recomiendo personalmente a aquellos alumnos que tras cuatro semestres de estudio no hayan descubierto el interés por el Derecho o tan sólo hayan obtenido bajos resultados, a que cambien sus estudios. Es requisito esencial para el éxito profesional el encontrarse en consonancia con las capacidades de cada uno.

II. ¿Qué talentos y aptitudes debe tener un buen jurista?

Con esto nos encontramos en el segundo punto. ¿Qué debemos saber para tener éxito como juristas? Me gustaría decir que será necesario tener cuatro cualidades.

1. Será necesario estar dotado de una muy buena memoria, ya que el análisis de un caso jurídico complicado requerirá del dominio de grandes cantidades de materias.

2. Se necesita disponer de una alta capacidad de expresión oral y escrita. En otras disciplinas se trata de leyes naturales o fácticas, donde el lenguaje no tiene la misma importancia, y donde podrá hacerse uso simplemente del inglés durante congresos y conferencias. En otras se trata de transmitir el significado,  tarea reservada al intérprete. Por otro lado, existen también una serie de disciplinas donde el uso del lenguaje será oscuro y ambiguo. En la profesión del jurista todo dependerá únicamente de la exactitud y la coherencia de los argumentos que se emiten. Éstos deberán de persuadir a diferentes tipos de personas: partes comerciales, partes procesales, jueces o incluso al lector especializado, con el inconveniente de que en lo referente a cuestiones jurídicas apenas existen ideas comprobables, sino soluciones mas o menos defendibles. La capacidad de transmitir con exactitud sutiles matices, para expresar claridad y, al mismo tiempo, poder persuadir al público, será una condición esencial para el éxito del jurista, que radica en la consecución de una determinada opinión.

3. Sería al mismo tiempo deseable que mostrásemos cierto interés por los problemas y conflictos sociales, ya que todo lo jurídico tiene precedente en  el desarrollo de los inconvenientes sociales y está ligado a la resolución de determinados problemas sociales y a la búsqueda del equilibrio entre distintos intereses. Si no mostramos interés por estos aspectos, aún podremos llegar a convertirnos en un significativo literato, metafísico, gran conocedor de las antiguas lenguas babilónicas e incluso en un reconocido matemático, pero para llegar a ser juristas no reuniremos, sin embargo, las condiciones deseables.

4. Por último, resulta importante que tengamos la capacidad de enlazar adecuadamente todo nuestro conocimiento teórico con los diferentes detalles que pueda presentarnos un caso determinado, para así poder encontrar  una solución adecuada al conflicto que se nos plantea, puesto que las ya mencionadas capacidades con respecto al lenguaje sólo pueden ofrecernos una buena apreciación del problema mas no así mediar en  su solución. Para lograr soluciones adecuadas se necesitan ideas creativas; para ello son requisitos importantes mis primeros tres postulados: una buena memoria, capacidad de expresión oral y escrita y conciencia de los problemas sociales. Pero la creatividad debe partir de lo antes mencionado, si es que existe en algún lugar la posibilidad de una chispa de genialidad, que a menudo es visto por los juristas como un mal camino a seguir. En todo caso, el jurista puede realizar un trabajo creativo como camino adecuado de la formación recibida, ello es accesible tanto al que se dedica a la docencia como a los que ejercen la defensa, o en el juez, que se encarga de decidir sobre la base de una cierta constelación de casos específicos.

Hasta aquí mis cuatro condiciones. Naturalmente existen muchas otras aptitudes que le serían de gran ayuda al jurista en un momento determinado, tales como el conocimiento de alguna lengua extranjera o competencias sociales. No obstante, estos no son requisitos necesarios que ha de poseer el buen jurista, sino mas bien capacidades que le serían útiles a cualquier persona.

A menudo se me pregunta si el mostrar aptitudes en determinados cursos durante el periodo escolar puede reflejar en el alumno alguna disponibilidad para el comienzo de la carrera de Derecho. Según mi propia experiencia, aquellos alumnos que muestren un buen conocimiento en las asignaturas de lenguaje y latín podrán tener cierta ventaja para afrontar el estudio. En lo referente a la asignatura de lenguaje creo haber ya enumerado suficientes razones que aclaran la importancia de esta materia en la profesión del jurista. El latín, por su lado, será de valiosa ayuda, ya que la estructura de dicha lengua estará presente en el pensamiento jurídico. Probablemente esto no sea pura casualidad pues los romanos fueron presumiblemente los descubridores de la jurisprudencia como ciencia. Ellos desarrollaron esta ciencia por medio de su lengua. La jurisprudencia actual también estará enmarcada dentro de las bases que ellos sentaron.

En contra de algunas opiniones existentes, no veo la relación que pueda existir entre la aptitud para el estudio del Derecho y el conocimiento de la matemática. La matemática lleva consigo la abstracción de la realidad, mientras que la jurisprudencia estará siempre ligada a casos reales. Ambas disciplinas requieren de aptitudes diferentes en diversos estadíos. El matemático no necesitará todo aquello que he enumerado como requisitos fundamentales del jurista. Por contra, el jurista no tendrá que mostrar grandes dotes matemáticas. La prueba de ello soy yo mismo. Siempre fui un mal estudiante de matemáticas. Naturalmente habrá ciertos casos en que ambas disciplinas puedan converger.

Lo que si queda probado es que aquellos que terminan su periodo de estudios escolares con buenas calificaciones suelen tener bastante éxito en la carrera de Derecho. Naturalmente, siempre existirán excepciones. Aquel que posea una nota de selectividad alta podrá aspirar a tener también buenas notas en sus estudios universitarios. La correlación se produce porque en ambos periodos de estudio, tanto en el colegio como en la carrera de Derecho, será importante tener una gran capacidad de estudio y ciertas habilidades de expresión. En forma general se suele decir que poseer una inteligencia teórica por encima de la media es el principal requisito para tener éxito en la carrera de Derecho. Tambien se podrá tener ciertas aptitudes teóricas en otras materias (por ejemplo en matemáticas o en la teoría del conocimiento), al igual que estar dotado de cierta inteligencia práctica. No obstante, esto último no resulta del todo esencial. A pesar de que no seamos muy diestros en alguna manualidad, podremos, sin embargo, llegar a ser grandes  juristas.

Al final de este apartado, dedicado a los requisitos esenciales del jurista, se plantea la cuestión del grado de dificultad del estudio del Derecho. El filósofo y psicólogo Wilhelm Wundt, (1832-1920), calificó en cierta ocasión a la jurisprudencia como la más difícil de todas las ciencias. Personalmente encuentro desmedida esta afirmación, ya que la dificultad y facilidad que presenta una disciplina no son variables objetivas, sino que dependerá en gran medida de cada persona. A mí, por ejemplo, me resultaría más difícil realizar una actividad en el campo de la física cuántica que llevar a cabo el estudio de cualquier punto  relacionado con la disciplina jurídica. No obstante, es necesario decir que el estudio del Derecho requiere de gran dedicación y esfuerzo.

En este punto mostraré cierto consuelo para aquellas personas que, después de haber emprendido la lectura de este apartado, crean no poseer alguna de las aptitudes que los estudios jurídicos requieren para lograr el éxito. Mientras en ciertas disciplinas, tales como la música, la literatura, el deporte o las artes, o bien se reúnen las facultades necesarias o no, ya que dichas no podrán obtenerse a base de trabajo, aquellas que se necesitan para la profesión del jurista son en gran medida fruto del esfuerzo y la dedicación. Podremos conseguir tener una buena memoria a base de esfuerzo y de trabajo, lo que significa que no es una cualidad determinada al nacer. También el hablar y el escribir se pueden ir adquiriendo de la misma forma, si bien hay que decir que la universidad en sí no ayuda mucho al respecto. Si una persona lee diariamente unas veinte páginas de una obra de Thomas Mann y se las relata a una persona de confianza también de manera regular, notará en seguida como mejora su capacidad de expresión. De igual forma también podemos hacer mejorías sin mucho esfuerzo en las bases sociales del Derecho. Lo único que no se puede aprender es la creatividad, entendida ésta en el sentido estricto del término. He conocido juristas que lo sabían todo, pero que nunca tuvieron una idea propia. También este tipo de personas pueden llegar a convertirse en juristas exitosos. A modo de resumen, podemos decir que la jurisprudencia no es una disciplina fácil, pero que mediante esfuerzo y dedicación podemos obtener de ella mayores resultados que en otras profesiones, donde ciertas facultades innatas forman su base esencial.

III. ¿Es la jurisprudencia una disciplina importante?

Con esta cuestión nos adentramos en el punto tercero de mi exposición: aquel que se ocupa de la importancia práctica del Derecho; que no guarda relación con el rango de la jurisprudencia vista como una ciencia, ya que sería una opinión inculta el considerar, por ejemplo, a la egiptología menos relevante desde el punto de vista científico que el Derecho por el simple hecho de que la primera sea menos importante para la vida de los seres humanos. La importancia de cualquier valor cultural no se encuentra sino en sí mismo, aunque el número de personas que participen en él sea reducido.

No hay que olvidar que la importancia social que tenga una determinada disciplina podrá ser un factor determinante para muchas personas a la hora de elegir una profesión, bien por que prevén en ella un próspero futuro laboral, o bien porque para muchos jóvenes la participación de la vida social supone un gran atractivo a la hora de decantarse por su estudio.

En este sentido hay que decir que la jurisprudencia forma parte de las ciencias más importantes, entendido éste desde el punto de vista social. Su relevancia aquí será tan sólo equiparable a disciplinas como las ciencias aplicadas de la naturaleza o la economía. En mi opinión, que aún hoy mantengo, el ordenamiento jurídico es la columna vertebral de nuestra sociedad. Actualmente los mecanismos de control social empleados por nuestra civilización, en gran medida industrializada, se llevan mayoritariamente a cabo desde el ámbito jurídico, ello después de que otras esferas como la moral, la costumbre o las convenciones pasaran a jugar un papel secundario en lo que a la vida pública se refiere. Aquellos parágrafos que, a juzgar por un antiguo cliché cultural, simbolizan una obsoleta forma de entender la vida, resultan determinantes hoy más que nunca para regular las relaciones existentes, tanto a nivel individual como colectivo. Aún en el futuro esto seguirá siendo así, ya que todos los nuevos descubrimientos de las ciencias empíricas sociales y todas las exigencias políticas que surgen para adaptar nuestra sociedad al continuo cambio de nuestras condiciones de vida, tan sólo podrán obtener aceptación social si son reflejadas en nuestros ordenamientos jurídicos.

En algunos ámbitos la importancia del Derecho puede ser aún mayor. Así, si la antigua ambición de la humanidad de conseguir la paz imperturbable – lo que representa una cuestión del destino de la humanidad que puede verse frenada por la creciente destrucción que se lleva a cabo a partir de las guerras – quiere realizarse, habrá que desarrollar primeramente un elaborado Derecho Penal internacional, al mismo tiempo que el establecimiento de un tribunal internacional de justicia estable. Sólo así podrá la humanidad conseguir tan ambicioso objetivo. Resulta casi imposible pensar en otro campo de trabajo más importante.

IV. ¿Es la jurisprudencia también interesante profesionalmente?

La profesión del jurista resulta más o menos interesante con base en el objeto de dicha disciplina. El objeto de trabajo puede ser interesante, pero no así la ocupación que lleva aparejada. De esta manera resultaría una tarea de gran valor, por ejemplo, establecer un ordenamiento para el tratamiento de residuos que resulte adecuado con respecto a la sanidad y al medio ambiente; lo cual no significa que dicha labor a mí personalmente me fascine. ¿Qué tenemos que decir desde este punto de vista en cuanto a la jurisprudencia se refiere? Para muchos jóvenes esta cuestión puede resultar decisiva a la hora de elegir el Derecho como disciplina de estudio. El trabajo representa una parte importante de nuestras vidas. Tal es así que si nos llega a resultar aburrio estaremos desperdiciando gran parte de la misma.

Puede que nos venga a la mente la imagen de aquel jurista que se pasa el día clasificando actas y documentos en una enrarecida habitación y que sufre de problemas físicos y psicológicos, al mismo tiempo que realiza su oficio sin ninguna pasión. Según las conocidas palabras pronunciadas por Mephisto (personaje principal de la obra “Fausto” de Goethe), “el Derecho y las leyes están en continuo desarrollo como si de una eterna enfermedad se tratase”.

La realidad actual resulta mucho más alentadora y esperanzadora. Naturalmente existen ámbitos del quehacer jurídico que pueden estar muy lejos de resultarnos interesantes. A mí personalmente no me gustaría ser juez del registro de propiedad. Por norma general hay que decir que el trabajo del jurista requerirá el mayor de nuestro esfuerzo, llegando a resultarnos de gran atractivo. Tanto el juez como el abogado tendrán a menudo que enfrentarse con casos de conflictos de intereses o con situaciones que pueden variar el destino de una determinada persona. De igual forma las autoridades que tengan que emitir una autorización o un determinado fallo, se estarán moviendo de manera directa en la esfera de la vida de las personas y del devenir social. De esto resulta que un caso siempre es distinto a otro y que no pocas veces tienen que tomarse en cuenta nuevas situaciones que determinan la solución de un caso concreto. Es con base en ello que se puede decir que el jurista es responsable, en gran medida, del desarrollo del mundo moderno. Pienso que es esta una tarea que vale realmente la pena.

Es necesario resaltar que una ocupación eminentemente teórica del Derecho también ofrece posibilidades estimulantes. Una tarea tal, centrada en el estudio de tratados científicos y de sentencias, es de suma importancia para la práctica, ya que el juez y el abogado – sólo por nombrar dos ámbitos de ejercicio del Derecho- necesitan de la teoría, tanto para las sentencias que emiten como para la elaboración de escritos, respectivamente. Es precisamente en este ámbito donde se muestra el alto nivel al que ha llegado la judicatura y la ciencia jurídico-penal alemana – en contraposición a la legislación de los últimos veinte años -, nivel que ha trascendido mostrando su influencia a nivel internacional. De esto se desprende lo estimulante que es el dedicarse a la actividad intelectual. Ello puede elevar la satisfacción de abocarse a esta disciplina, mejorar el rendimiento profesional y también estimular la propia actividad de producción literaria, que para muchos es una forma de realización y logra el fortalecimiento del vínculo con la profesión. Es así que muchos juristas que ejercen la profesión de forma práctica también se dedican a la producción de bibliografía jurídica.

Quisiera mencionar solamente una circunstancia adicional que hace que actualmente la profesión jurídica sea más atractiva: su internacionalización. Ello tiene diversos motivos; uno de los cuales se debe al alto grado de desarrollo que ha logrado la cultura jurídica alemana. Los juristas alemanes son muy apreciados y valorados en el extranjero, sus opiniones y  enseñanzas son seguidas con mucho interés, siendo recepcionadas por su cientificidad en diversos países e incluso aplicada tanto jurisprudencial como legislativamente. Ello trae consigo inmensas posibilidades alentadoras de establecimiento de  relaciones internacionales que permiten la ampliación del horizonte jurídico y la correspondiente realización personal y profesional. Es así que en los últimos tres años tuve la oportunidad de dictar conferencias en Nepal, Sevilla, Cáceres, Salamanca, Toledo, Lisboa, Osaka, Seúl, Córdoba (Argentina), Sao Paulo, Río de Janeiro, Lima y México (solamente aquí estuve en tres ocasiones). Mientras que un profesor extranjero durante una conferencia en Alemania reúne apenas veinte asistentes en promedio, la situación es distinta en otros países pues se cuenta con cientos de asistentes y a la vez miles de juristas interesados en participar en los intensos debates. ¡Ustedes se pueden imaginar en qué grado me ha motivado eso, a pesar de mi avanzada edad!

Se podría pensar que se trata de actuar solamente con base en el resultado de la internacionalización de la profesión como profesor, que para muchos de los juristas no resulta accesible. Pero casi todos los juristas tienen hoy la posibilidad de la internacionalidad si es que, claro está, aprovechan otras oportunidades. Así, por ejemplo, el estudiante de Derecho tiene ya la posiblidad de realizar estancias internacionales que van a enriquecer su formación jurídica, tornándose necesario el aprovechar oportunidades como ésta. Sobre todo hay un crecimiento constante de la europeización y globalización del Derecho que  va más allá de las instrucciones de Bruselas. Grandes estudios de abogados poseen dependencias en todo el mundo; así, por ejemplo, mi esposa trabaja como abogada en Munich, pero para una firma norteamericana (Price Waterhouse). Cada vez son más los contratos y proyectos internacionales, así como también la internacionalización de la persecución penal, siendo en todas partes los juristas los encargados de realizar sus funciones regulares. No quisiera decir más al respecto, puesto que ya debe de haber quedado claro que quien cree ser feliz dejándose soplar la nariz con el viento del mundo lejano, viendo mucho y quien quisiera vivir plenamente, se dará cuenta de que no está mal servido con la profesión del Derecho.

V.- ¿Cómo se debe de orientar el estudio del Derecho?

Ven ustedes que soy optimista, y es por ello que recomiendo la profesión jurídica a todo aquel que es talentoso para ello. Es de saber que, a pesar de que yo inicié mis estudios sin un gran conocimiento previo y sin una idea clara sobre ello, he encontrado al Derecho como socialmente importante, práctico,  teóricamente interesante y lleno de atractivo por su internacionalización. Solamente los malos juristas deberían de preocuparse por la inundación de profesionales del Derecho, ya que los buenos juristas siempre serán necesitados.

Pero ¿cómo se debe de orientar el estudio del Derecho? Naturalmente no quiero darles a conocer ningún plan de estudios para ello, puesto que ustedes estarán más capacitados que yo para eso, lográndolo a través del desarrollo mismo del estudio, las pruebas que se rinden y las notas que se obtengan. Yo creo que se trata de una orientación fundamental, siendo ésta, según mi opinión, el orientar su estudio a través de un pensamiento pragmático y centrarse en dos aspectos importantes:

Un aspecto del estudio radica en  aprender a rendir los exámenes. Se debe dominar, entonces, una materia voluminosa y poder aplicar los conocimientos adquiridos a la solución de casos concretos. Existen tantos casos como formas de aprendizaje, es por ello que algunos aprenden más a través de la lectura, otros a través de la explicación que se da en clase. Para mí personalmente la mejor forma de aprender se concentra en tres aspectos; en primer lugar, con la lectura intensiva de textos formativos; existen hoy en día excelentes obras que pertenecen a este ámbito del aprendizaje y cada uno puede escoger entre la abundante oferta literaria que se relaciona con la capacidad de acogida que logren. En segundo lugar, se debe  de asistir a las clases y cursos que se dictan, así no sean obligatorios, si es que se encuentra fascinante el aprendizaje a través de la intermediación de un profesor, puesto que a través de ello se obtiene ayuda y sugerencias en la comprensión de diversos temas que no se hubieran obtenido fácilmente de forma personalizada. En tercer lugar, siempre he considerado como un sobresaliente método de aprendizaje el intercambio de ideas en pequeños grupos organizados, en el cual se yerra menos a menudo que cuando se emprende el estudio individualmente; también se puede medir el propio nivel y el estado de conocimientos con el de los compañeros, asimismo se encuentra siempre alguien que nos explique algo que aún no hayamos comprendido; y, finalmente, es sumamente divertido aprender en forma conjunta dentro de un marco social, antes que aisladamente.

Para salir airoso en un examen antes se tiene que estudiar; sin embargo, ello no es suficiente para el aprendizaje del Derecho puesto que aquí solamente se trata de la preparación que se necesita para aprobar un determinado examen, lo que significa que no se debe descuidar el estudio propio del Derecho. Quien quiera avanzar más o menos seguro debería tener aprobados alrededor de 100 exámenes escritos antes del examen de fin de carrera. A través de ello se pierde el miedo a las evaluaciones, se adquiere un gran manejo en la preparación que permite poseer técnicas para las resoluciones de las evaluaciones cuando se necesiten y a partir de ello se puede apreciar que muchos de los casos que previamente se han analizado vienen muy parecidos también en un examen. Claro está que la preparación para los exámenes necesita mucho esfuerzo. Yo no hubiese querido realizar tales esfuerzos, sin embargo, me alegro de ello. Claro que yo fui favorecido por el hecho de haber rendido dos exámenes en Hamburgo, lugar donde también tuve que escribir trabajos. Mi esposa ha tenido que rendir doce exámenes por encontrarse dentro del sistema bávaro y con todo ello ha salido airosa, pero con seguridad no lo hubiera logrado si antes no hubiese aprobado 120 evaluaciones.

Lo dicho hasta ahora se centró en la preparación para la rendición de las evaluaciones. Pero hay otro aspecto del estudio, que es su parte más importante, en cierto modo, puesto que el aprendizaje puro cada vez se da mas por completo en la forma parecida al colegio y apenas se corresponde con lo que antes se entendía por “estudiar”. Estudiar en el verdadero sentido de la palabra significa que se hace más o menos familiar con los fundamentos históricos y filosóficos de su especialidad, que se adquiere su método de pensamiento, y que se aprende a desarrollar su propia forma de pensamiento jurídico y a persuadir argumentando. Para las evaluaciones apenas se necesita aquello, aquí basta con la citación de la “doctrina dominante” y elementales frases motivacionales. Pero la profesión exige más (y también un trabajo jurídico en los países donde es exigido). Si es que ustedes se quieren desempeñar como escritores jurídicos, grandes abogados o jueces en los altos tribunales, si es que ustedes quieren mejorar su vida económica a través de un nuevo camino, entonces deben convencer a través de la calidad de sus argumentos.

Entonces se debe intentar sobrepasar, ya en el estudio del Derecho, los conocimientos aprendidos el nivel de enseñanza. En la universidad eso es alcanzable a través muy buenas clases. A veces salta aquí el interés como una chispa sobre el fuego que puede desplegar una fuerte impresión en nuestras vidas. Yo conozco ejemplos como esos.

Un camino especialmente bueno para el estudio científicamente más elevado lo brindan también interesantes seminarios. Así, por ejemplo, he organizado en diciembre en Fraueninsel, ubicado en el lago Chiemsee, un seminario sobre la legitimación de los tipos penales; es decir, sobre la pregunta: ¿cómo debe ser entendido un comportamiento  para que el Estado esté autorizado a penalizarla? En Navidad me escribió así un participante: “Con esta carta quisiera agradecerle personalmente por el extraordinario seminario, que para mí esencialmente significa mucho más que una constancia importante de asistencia al curso. A través de mi participación ha cambiado mi actitud frente a la decisión de estudiar Derecho, hasta ahora valió mi interés sobre todo en el aprendizaje de la materia, el cual se hacía indispensable para aprobar la asignatura. Con el transcurso del seminario y conforme más nos adentrábamos en su tema – el Derecho penal simbólico – esto fue cambiando. Me gustaría aprender Derecho de la manera correcta, es decir, no contentarme con aprender la opinión dominante en un determinado momento, sino tratar de formarme una opinión adecuada y global”. Aquí tenemos un claro ejemplo de cómo alguien llega a la conclusión de que el estudio del Derecho merece un compromiso real, al mismo tiempo que significa más que la simple adquisición de los conocimientos necesarios para poder aprobar un examen. Sería conveniente que muchos estudiantes llegaran a esta conclusión si quieren sentirse satisfechos en el ejercicio de su profesión, además de realizar una tarea óptima para la sociedad.

Otro camino para alcanzar tales metas supondría adentrarse en la lectura de textos de gran influencia en el campo jurídico y de monografías de igual contenido. Con esto no sólo adquiriremos un vasto conocimiento de diversas cuestiones de especial interés, sino que también aprenderemos a argumentar y a escribir en un nivel elevado en lo que al campo jurídico se refiere. Por el mismo motivo no debemos contentarnos con lecturas básicas, a pesar de que resulten también indispensables para una rápida repetición, sino que debemos adentrarnos del mismo modo en la lectura de textos más amplios, que no nos presenten los resultados de una manera obvia, sino que nos presenten los pros y los contras de las diversas cuestiones de una manera que permita al lector desarrollar por sí mismo una opinión crítica con respecto al tema en cuestión.

Si llegados a este punto ustedes se encuentran algo atemorizados acerca de todo aquello que como juristas deberían saber y hacer, me gustaría aclarar algo al respecto. No hemos de ser el número uno en el campo del Derecho para que nuestra carrera laboral resulte exitosa. Debemos tener también la fortaleza para reconocer nuestras lagunas y puntos débiles, y tampoco debemos movernos con igual maestría por todos los campos de la disciplina. También debemos alimentar otros intereses que no sean los del Derecho estrictamente, aunque sea a su pesar, ya que para alcanzar una vida adecuada no todo es el trabajo y la familia. En este sentido, resultará óptimo que poseamos una cierta curiosidad en otros campos y que la desarrollemos en ellos. Personalmente he sido durante mas de treinta años el director de una sociedad llamada “Kart May Gesellschaft”, que hoy en día es una de las empresas de literatura especializada más importantes en todo el ámbito germano parlante; está formada por mas de dos mil miembros. Mi impulso, más bien inconsciente, era el siguiente: la jurisprudencia con todo su entramado de reglas y ordenamientos no deja demasiado espacio para la fantasía y la aventura. Cada cual puede pensar como crea conveniente, pero a mí este y otros hobbies me han ayudado a llevar una vida más plácida y satisfactoria que si hubiese escrito algunas obras jurídicas más.

Me gustaría terminar con la siguiente frase: la profesión jurídica significará mucho para aquel que haya decidido dedicarse a ella, pero nunca llegará a significarlo todo.

* Título original: “Vom Beruf des Juristen und vom Studium des Rechts”. Traducido del alemán por Andy Carrión Zenteno. Magíster en Derecho alemán (LL.M.) por la Universidad de Bonn.

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